¿Cómo le llamamos a aquellos que, al encontrarse de frente con tu luz, miran hacia otro lado? No por que sean incapaces de verla, sino porque verla les produce dolor. No es un dolor físico, más bien emocional; es como si en sus mentes, al ignorarla, tu luz no existiera. ¿Cómo le llamamos a esos, que están cerca y de repente ya no?
No te desean “mal” abiertamente, pero les incomoda tu bien. Esos, que cuando no pueden ser el foco de atención, prefieren oraciones cortas, pero tienen sed de largos discursos —seguidos por aplausos— cuando de ellos se trata. Miradas esquivas, comentarios sueltos, mesas silenciosas.
Tan bonito que es entender que hay espacio para todos. Que la única competencia real es con uno mismo. Tú puedes creer que conoces dónde estamos parados los demás, pero en realidad, solo estás viendo la planta, no las raíces. Cuando nos enfocamos en tratar de apagar a los demás, nos olvidamos de cultivar lo propio.
Al final, por más que trates, la felicidad y el éxito ajeno no te pertenecen. Mientras todos crecen, tú te encoges. Mientras otros brillan, tu luz muere. La gente infeliz trata de robarle el brillo a los demás; la gente feliz emana luz y por eso sabe que el brillo es infinito. ♾️
Procura ser luz en un camino oscuro. Procura mirar donde otros deciden voltear hacia otro lado. Procura ser de esos que son hoy mejor que ayer, que dan la mano, que se alegran. Procura que tus palabras edifiquen, no que dividan. Solo así te encontrarás rodeado de aquello a lo que aspiras pertenecer. Al final, somos los arquitectos del destino que todavía no ha sido dibujado. Tú decides con qué colores prefieres pintarlo.