A veces, lo más difícil es mirarnos al espejo y aceptar. Aceptar que no somos perfectos. Que cometemos errores. Algunos tan grandes que se cruzan como montañas y nos hacen diminutos. A veces, se nos hace difícil aceptar. Aceptar que también somos grandes. Imponentes. Que estamos llenos de magia infinita. Que no siempre nos equivocamos. Aceptar que somos simplemente humanos. Que jamás nadie ha tenido siempre la razón. Que jamás ninguno siempre se ha equivocado. Y es que cuando alguien piensa que siempre está correcto, solo muestra lo mal que está. Y cuando alguien piensa que nunca es suficiente, le falta valor. Amor. Mirar sin pestañear.

Mírate al espejo sin miedo. A los ojos. Encuentra el fuego que arde en tus pupilas. Enfrenta tus temores. Acepta tus derrotas y sigue caminando. No nacimos para ser perfectos. Pero tampoco para ser invisibles. Fuimos hechos para vivir bonito. Para crecer. Para despachar las pesadillas, cada madrugada. Para ver el cielo con gafas doradas. Sabemos que la vida no es perfecta. Pero también, que el sol sale cada mañana. Sabemos de la fuerza interior, solo nos faltaba ejercitarla. Cuando la encuentres, no la sueltes jamás. Abrázala tan fuerte que se quede en tu piel tatuada.

A veces, lo más difícil es mirarnos al espejo y entender. Entendernos. Aceptarnos. Reírnos. Crecer. A veces lo más difícil es pedir perdón. Y perdonarnos. Pero cuando sabes lo que vales. Lo que eres capaz de lograr. Cuando reconoces todo lo que has caminado. Los mares que has cruzado. Cuando asimilas que ser humano es serlo todo. Que no hay días buenos, sin días malos. Podrás recibir todo aquello que está destinado a ser tuyo. Sin reparo. Sin arrogancia. Sin vergüenza…

A veces, después de tantas vueltas, lo más fácil es fluir. Simplemente ser felices. Respirar. Agradecer… fluir…✨

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