En un mundo lleno de opciones, ingredientes, toxicidad y marketing. Entre las miles de influencers y sus productos “favoritos”.

Entre opiniones que jamás pensamos solicitar. Entre “sabiduría” que se queda atascada entre lo que somos y aquello a lo que aspiramos.

Nadamos entre reseñas y “teorías de conspiración” que nos confunden más de lo que nos ayudan. Nos recomiendan aquello que les conviene a sus bolsillos.

Nos arropan con la idea de que lo que vemos en el espejo está mal. ¿En qué momento comenzamos a necesitar tanto para nuestro paso por la vida? ¿En qué momento decidimos que envejecer estaba mal?

Si me dejo llevar por todo lo que se supone que debo comprar para ser perfecta, no me daría ni el espacio, ni la cuenta bancaria.

Entre todos esos potes y pedazos de tela, se escaparía la felicidad. Claro que es indispensable cuidarnos y escoger aquello que nos haga sentir preciosas.

Pero lo complicado no es sinónimo de “verdad”. La realidad es que debajo de todo ese ruido, se encuentra lo simple. Lo que no te daña.

Lo que te permite apreciar cada línea, cada pedazo de piel. Lo limpio. Lo puro. Lo que permanece humano.

No te ahogues en listas interminables que solo te roban la calma. No te pierdas en caminos que otros te dictan andar.

Todo lo que necesitas está en el fondo, debajo de la conveniencia ajena. Está en lo que te nutre. En las listas cortas. En lo simple.

No te disfraces de complicaciones. Al final, la vida sigue su ritmo. Las opiniones cambian. Pero la tranquilidad de saber ser y estar, no se puede comprar.


Desconectemos del ruido exterior por un momento. ¿Qué es lo que te hace sentir más humana y real hoy? Déjame tu reflexión en los comentarios. 👇🤍

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