La libertad de ser feliz, es solo para las almas rebeldes. Cuando somos felices. Se nota. Punto. Cuando puedes reírte de las cosas más tontas. Mostrarte como eres, sin miedo. Decir lo que piensas. Vestir con lo que deseas. No tener miedo a ser imperfecta. A meter la pata. Abrazar tu humanidad, con compasión. Con alegría.
Si te aman, o te odian, asunto tuyo no es. Tú, a lo tuyo. A tu vibra. Hagas lo que hagas, no todos te van a amar. Y mejor así. Si tengo que llenar expectativas ajenas para que me “aprecien”, mejor no. No quiero participar. Ya basta de tanto juicio. Tanta hipocresía. Aquí nadie es perfecto, y al menos yo, no aspiro a serlo jamás.
Me equivocaré mil veces más, y eso no me quita el sueño. Más bien, me regala libertad. Esa que nace de saber que no importa que las cosas no salgan como esperamos, siempre al siguiente día, amanece. Si me equivoco, significa que traté. Que estoy viva. Todos estamos vivos por primera vez. Aquí no hay “expertos”. Solo aprendices.
Pero yo quiero que la felicidad me acompañe (casi) siempre. Que las etiquetas, no me definan. Quiero que se note. Porque cuando se nota, se enteran que jamás podrán quitarme lo que nace en mi interior. O te unes, o te quedas. Hay brillo 🔆 para todas. Pero, no pierdas tu tiempo en tratar de opacar la luz, que jamás encendiste tú. ✨
¿Cuándo fue la última vez, que decidiste dejar toda tu luz brillar, sin preocuparte las opiniones de otros? 😌