Hace unos días, elegí mi mejor look “boho chic”, mis botas marrones favoritas (aprovechando el clima fresco) y mi mejor sonrisa para pasear por el centro de la isla. Entré a un coffee shop súper cute y, mientras hacía la fila, noté a una chica frente a mí. Ella lucía un vestido blanco; se notaba que se había esforzado por verse bien. La miré, sonreí y seguí en lo mío.
Más tarde, mi esposo me comentó que ella me había mirado de arriba abajo varias veces, “bien seria”. Me hizo pensar: ¿por qué lo hacemos? ¿Sería curiosidad, juicio o inseguridad? No es la primera vez que me pasa, y aunque no sé qué cruzaba por su mente, me reafirma algo: si yo miro a otra mujer, es para admirar su belleza o su estilo, jamás desde la envidia.
Ojalá todas nos sintiéramos tan seguras de nosotras mismas que no necesitáramos mirar “feo” a nadie. El brillo de otra no apaga el tuyo; todas podemos brillar con luz propia. A la chica del traje blanco: ¡te veías muy linda tú tambien! Brillemos juntas, que hay espacio para todas. ✨ 🤍